
¿Conversemos un café?
Esta es una frase típica en casa, o con mis amigas. La verdad creo que muchos aplican esta frase, pues, díganme que no hay nada más grato que una buena conversación tomando un rico café. (Bueno, algunos-as preferirán un té u otra cosa, a mí me vale el café Si?)
La verdad el momento se hace doble y se va multiplicando a medida que pasan las horas. Me gusta conversar, me gusta también escuchar. Lamento eso sí que no todos los temas me interesan, y algunos francamente me aburren, por ejemplo “Farándula” “Telenovelas”, por decir algunas, entre otras tantas. Pierdo inmediatamente el interés, no en la persona, pero si en la conversación. Hay veces que se me nota demasiado, pues me quedo en silencio, con el sonido más despreciable que emitimos cuando algo no nos interesa, MMMMMMMMM, Aja! Pero ya me conocen así que tratan de omitir esos temas, en todo caso, si sé que para la otra persona ese es su tema, bueno, escuchar en silencio no hará daño.
Pero se dan momentos tan amenos que apetece una y otra vez buscar el momento de un cafecito, ya sea en casa o en una linda cafetería.
Una de las cosas que hace un café y hablar, es que permite conocernos, acercarnos y animarnos a encontrar los puntos en común. Es un momento relajado, distendido, jovial. Así que nos puede permitir poder decir lo que sentimos, reír, planificar, confesar, resumir, ampliar, tratar, resolver en fin, todo lo que permite el momento.
He tenido maravillosos tiempos de cafés. Recuerdo, una vez que nos pilló una lluvia torrencial a una amiga y a mí, nos refugiamos en un cafecito a la pasada, teníamos el pelo empapado y la ropa también. Pedimos un café, yo generalmente lo pido cortado, y nos trajeron unas inmensas tazas blancas, tan bellas, con un café tan lindo decorado, junto a una galletitas, que el momento se hizo magia. Veíamos la lluvia como pegaba en los ventanales, la gente fuera corriendo o caminando apurados buscando dónde guarecerse, unos iban con las manos sobre la cabeza, varios entraron a nuestro café. Conversamos del mundo entero, de nuestro mundo. Y tuvimos un tiempo increíble en historias y risas. Fue genial. Luego se fue la lluvia se terminó el café y seguimos con nuestro regreso a casa.
Buscar el momento para un café conversado, es una rutina que no nos dejará indiferentes. Pasar un tiempo con las personas, hablar o escuchar, será un momento espectacular.
Entonces…
¿Conversemos un café?
Esta es una frase típica en casa, o con mis amigas. La verdad creo que muchos aplican esta frase, pues, díganme que no hay nada más grato que una buena conversación tomando un rico café. (Bueno, algunos-as preferirán un té u otra cosa, a mí me vale el café Si?)
La verdad el momento se hace doble y se va multiplicando a medida que pasan las horas. Me gusta conversar, me gusta también escuchar. Lamento eso sí que no todos los temas me interesan, y algunos francamente me aburren, por ejemplo “Farándula” “Telenovelas”, por decir algunas, entre otras tantas. Pierdo inmediatamente el interés, no en la persona, pero si en la conversación. Hay veces que se me nota demasiado, pues me quedo en silencio, con el sonido más despreciable que emitimos cuando algo no nos interesa, MMMMMMMMM, Aja! Pero ya me conocen así que tratan de omitir esos temas, en todo caso, si sé que para la otra persona ese es su tema, bueno, escuchar en silencio no hará daño.
Pero se dan momentos tan amenos que apetece una y otra vez buscar el momento de un cafecito, ya sea en casa o en una linda cafetería.
Una de las cosas que hace un café y hablar, es que permite conocernos, acercarnos y animarnos a encontrar los puntos en común. Es un momento relajado, distendido, jovial. Así que nos puede permitir poder decir lo que sentimos, reír, planificar, confesar, resumir, ampliar, tratar, resolver en fin, todo lo que permite el momento.
He tenido maravillosos tiempos de cafés. Recuerdo, una vez que nos pilló una lluvia torrencial a una amiga y a mí, nos refugiamos en un cafecito a la pasada, teníamos el pelo empapado y la ropa también. Pedimos un café, yo generalmente lo pido cortado, y nos trajeron unas inmensas tazas blancas, tan bellas, con un café tan lindo decorado, junto a una galletitas, que el momento se hizo magia. Veíamos la lluvia como pegaba en los ventanales, la gente fuera corriendo o caminando apurados buscando dónde guarecerse, unos iban con las manos sobre la cabeza, varios entraron a nuestro café. Conversamos del mundo entero, de nuestro mundo. Y tuvimos un tiempo increíble en historias y risas. Fue genial. Luego se fue la lluvia se terminó el café y seguimos con nuestro regreso a casa.
Buscar el momento para un café conversado, es una rutina que no nos dejará indiferentes. Pasar un tiempo con las personas, hablar o escuchar, será un momento espectacular.
Entonces…
¿Conversemos un café?

Anouna


